Fantasmas de Enero


Y tomé la poción y empecé a envejecer 

Lejos de olvidar comencé a entristecer

Todo se hacía neutro, se revolvían los estómagos sobrios

Él dejó de existir y yo también

Ahora no tengo razón de ser

No escucho susurros por las noches

Que me canten canciones de cuna

Las ramas de los árboles no se baten con misterio

Todo se cura, todo tiene un remedio

No hay locura que se escurra por la estructura

Y ahora todo tiene el color que tiene que tener

Ahora que deje de creer, de querer

Ya no me dueles, ahora me duele la vida

Ya no planeo una huida, las cicatrices se apoderan de mí

El verano se hace rutina, todo queda en Enero

Nada de lo que vivo es certero

No hay riesgo ni peligro

Ya de especulaciones no muero

Y así se me curó la vista, pero nadie avisó que el alma se me resista

Yo quería la cruda realidad, y es esta muy sombría

Prefería tu veneno, la anomalía

Acá no corre el tiempo ni el peligro

Todo el invierno es de día

No tengo miedo ni valentía

No hay progreso ni deriva

Todo es como tiene que ser, así de horrible…

No tengo por qué correr, nadie va a atraparme

La vida no me va a demoler

Pero tampoco va a darme para que le escriba

No va a tocarme la herida

No hay castigo más doloroso que la eternidad

En ella solo somos fantasmas.
Anoche soñé con vos. Te ví.

Me decías todo lo que te quedaste pensando después.

Lo que en algún lugar lamentaste. Lo que nunca me vas a decir.

No me reí en tu cara. En lo sueños no soy así.

Así como vos en los tuyos mirás a la gente a la cara y no titubéas al hablar.

Así como en los sueños, no se inmiscuía nuestro ego.

Me dijiste todo lo que yo ya sabía, todo lo que pude oler de tu vos esquivo,

de tus puñales salados, ya sucios, que te arrancabas y me devolvías.

Te dije que ya estaba. Te resumí mi dolor, si es que era eso.

Pero de todos modos ya estaba.

El resto del sueño me lo inventé.


 Me gusta la gente que es. La que va, la que se anima. La gente que se cae, pero más la que se levanta. La que te aprecia, pero no te necesita. La que te hiere cuando te da una caricia. La gente que se busca en las cosas. Que te sonríe porque sí; que le caes mal y te respeta. La que se inquieta, la que duda, la que no se queda quieta. La gente que vibra, que decreta. La que se acepta, aunque se detesta. La gente que juega, que te alienta, que canta cuando el mundo apesta. La gente que te refleja, que siembra sus ganas en las mentes ajenas. La que con su personalidad te despierta, te inspira, te desconcierta. La gente que se queja, la que se manifiesta. La que ama de lo que se alimenta. La que no se deja leer, pero te tienta. La que te mira a los ojos para que amanezcas. La gente que ríe de forma grotesca, que dice lo que piensa aunque no te parezca. La que no tiene miedo de ser quien aparenta. La que no usa paraguas, la que se sube al techo a mirar la tormenta. La gente que te mira de lejos y te habla de cerca. La gente que llueve y te refresca. La que te muestra el camino y se pega la vuelta. La gente que es y que para ello no tiene que darse vuelta. La que vive aunque esté muerta. La gente que te siembra letras, que se compone de versos y ni siquiera se da cuenta. La gente directa, que te da una cachetada con la palma abierta. Que se anima a quererte tanto que se transparenta.
 Me gusta la gente que con un abrazo te violenta, que no te pide pero que te fuerza.

Todo es una ilusión, me adentro en el mar pero no me toca,

Cierro los ojos aprieto la boca, y no puedo sentir

Me paso la vida despreciándome y me voy desvaneciendo

Hoy descubrí que estoy muerta

El amor propio se apagó en mí y se llevo mi voluntad, mi fuerza

Se llevó mis ganas, y ya nada me tienta

Ni el acierto ni el error, vivo la vida a tientas

Interactuó solo por inercia, por respeto, con indiferencia

Soy un ser mediocre con impaciencia

No concibo esta vida sin esencia

Pero ¿dónde me olvidé?, ¿en qué parte del tiempo?

Cómo retroceder y buscarme,

Cómo adentrarme en mi ser si nada me penetra

Todo me resbala, nada me alimenta

Sigo viva porque hay un mundo imaginario que me inventa

Todavía me urge la lluvia, el color de la hierba

Todavía como y vomito letras

Porque todas ellas tienen el final felíz que mi mente decreta

Hoy descubrí que estoy muerta

Que la verdadera existencia no es externa

Y hoy solo la vida biológica me representa

Mi alma por las noches se ausenta

Y hoy vuelve para mostrarme la cuerda

Me la tiende burlona y amable, la estira y la niega

Me permite rozarla y me devuelve a la tierra…

Death note


  Si tuviese una Death note podría matarte y después renunciar a ser su dueña. De este modo no quedarían rastros de ti en mi memoria, ni en este mundo para que volviese a encontrarte. Tampoco recordaría haber matado así que no sentiría culpa, tampoco recordaría haber amado así que no sentiría miedo… 

  No hay niño sobre la faz de la tierra que nunca haya dormido aferrado a su peluche favorito. Inconcientemente será que encuentran en ello protección, seguridad, compañía; pero ellos no lo saben. Sólo sienten la necesidad de hacerlo y lo hacen, así sé desenvuelven en todo; fluyen. Algo que los adultos ya no nos permitimos hacer. Sintiendo la necesidad de mi gatito negro de peluche me siento patética, aferrándome a un pequeño resguardo ilusorio. A algo sin vida,  algo que si fuese aún niña, tendría todo el sentido del mundo, de mí mundo, el único que importaría. Pero ya no lo soy, y sé que en los ojos de mi gato se esconden otros ojos que no me miran; y sé que en sus patitas hay todo un mundo que avanza, pero que me deja atrás, mientras yo lo sigo mirando siempre desde el mismo lugar. Y comprendo que al rodearlo con mis brazos y apretarlo contra mí  estoy abrazando mi propia frustración, estoy cobijando mi propio miedo, estoy teniéndome lástima. Pero al mismo tiempo me invento su compasión, su calidez, su ternura y las vivencio cuál reales, volviendo por un momento a ser esa niña. Cuando me duermo ya es otro tema, cuando me duermo él no se viene conmigo... cuando duermo estoy yo, sola, adulta, perdida en el mundo, el verdaderamente imaginario, compuesto por mis sensaciones y pensamientos involuntarios, pero que de alguna manera u otra  yo escogí e hice carne propia. También estás vos, de lo que no puedo huir… y vuelven las caricias, y vuelves a besarme, y vuelven a vibrar todas esas sensaciones en mí, y por un momento me deja de doler. Y cuando despierto él está ahí, mirándome, él, que nunca durmió... Y me despierto vibrante, confundida, anhelando esos momentos en los que, si se repitiesen en la vida real, yo estaría presente, pero tú no. Y lo dejo a mi gato sobre la almohada, esbozo un par de sonrisas, me perfumo sobre las lágrimas, me polvoreo las mejillas y salgo a buscar el olvido, pasando por alto mis frustraciones, pisoteando los errores cometidos. Y por ahí encuentro luz, pequeños puntos de ella que me los llevo adheridos como abrojos, que vislumbro como a las estrellas titilando en medio de semejante oscuridad. Pero dentro de mi estómago sigo tirada en mi cama, abrazada a un gato de peluche, llorando por lo que no alcanzo a comprender, llorando por lo que no puedo evitar.



  
  Recuerdo a un personaje de uno de mis tantos escritores preferidos, un tipo común, sometido a un oficio común y a una vida rutinaria de hombre corriente, la cuál le permitía cubrir sus necesidades biológicas básicas del día a día y ocupar un lugar relativamente digno en la sociedad, un echo peculiar a todos nosotros. Personaje el cuál solía referirse al baile como su pasión; jactándose orgullosamente de sacrificar su cansancio y el poco tiempo que le quedaba de vida real, para dedicarse a ello, cual hobby.  Lo que me quedó resonando  muy claramente en la cabeza hasta el día de hoy, fue su afirmación: “Bailo para no estar muerto”, lo que me llevó de inmediato a peguntarme: ¿Qué hago yo para no estar muerta?. Y automáticamente me llegó la respuesta. Escribo. Escribo para no estar muerta. Lo que después me sorprendió haber advertido como respuesta del autor del relato, y sonreí.
  Podrían alegar al oír mi expresión, (y ha pasado, más sabiendo que me dedico a la poesía), que la escritura proviene de emociones y sentimientos, y en la mayoría de los casos de frustraciones personales o dilemas existenciales, lo que puede llevarme a revolver más en sensaciones poco agradables y por ende, ayudarme poco en mi progreso anímico, e irónicamente contribuir más a mi propia muerte. Pero lo cierto es que esa revolución a mí me descarga y me engrandece el espíritu. Muchas veces eh llegado a captar la esencia y aprehender la enseñanza de lo que me tocó sufrir al situarme en el papel. Porque es eso lo que hago, dejo una gran parte de mí en cada minúscula gota de tinta, en cada coma, en cada punto. Y  así, como me enfrento cara a cara con mis pasiones, puedo llegar a comprender por un instante en qué consiste mi alma. Un instante de luz que vale por todo una vida, por todas mis vidas, porque es mi verdad, la única verdad. Estando yo allí, desde aquí puedo juzgarme de manera objetiva. Me permito, lamentablemente, por unos pocos latidos de vida, habitar concientemente en el mundo real, ese mágico del cuál esto echa y formo parte. Aquel que me susurra alegría de ser, aún con mayor énfasis, cuando estoy más muerta.
  El alma tiene su propio idioma, siendo éste el arte en todas sus expresiones. Si ella me pide protagonismo en mi propia vida, porqué no elegir dárselo a ella y no a mi ego, mientras pueda. Así, al escribirme, no estoy más que fluyendo desde mi no ser hacia mi ser. Estaría nada más que puliendo mis más terribles miedos y errores hasta encontrar un cristal, hasta encontrarme; o en el idioma de los alquimistas, estaría transformando el plomo en oro. ¿O porqué no en plata? que me gusta más.
  Ahora les pregunto yo entonces, ¿qué es realmente estar muertos? Por mi parte, la única garantía que tengo en este mundo de todo lo que acontece, soy yo misma, y esto es lo que yo soy. Unas simples palabras bonitas acomodadas musicalmente, una simple nada que contiene al todo. Así, permitiéndome fluir de vez en cuando, con intención de lograrlo cada vez más a menudo, puedo llegar a comprenderme; y haciendo uso de mi libre albedrío, a forjar mi propio destino. Donde puedo advertir desde ya, que siendo víctima de la cuarta forma de la locura, “moriré” en la tierra de los Poetas.